La difamación está en el detalle. Jorge Lozano sobre Umberto Eco

Artículo aparecido en el diario El Mundo el 4 de mayo de 2015

La difamación está en el detalle

Jorge Lozano

El Complot, la conspiración y su teoría se construyen en torno a varios conceptos y categorías presentes en toda la obra de Umberto Eco: el secreto, la mentira, lo falso.

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Umberto Eco no es Emilio Salgari, aquel escritor que jamás abandonó Verona (y Turín) y que, sin embargo, pudo escribir (y describir) sobre Borneo, Malasia, el Caribe o donde se hallare Sandokán o el Corsario Negro. Eco todo sobre lo que escribe y lo que describe lo ha visto o lo que, en su caso es lo mismo, lo ha leído. Vio el Medioevo, lo ha leído con Tomás de Aquino, lo ha conocido como pocos y ha escrito ‘El nombre de la rosa’. Y Baudolino. Y sobre el Beato de Liébana y sobre Joyce hasta su reciente y monumental ‘Escritos sobre el Pensamiento medieval’ (1.332 páginas). ‘De aquel mundo’ (Agustín de Hipona, Isidoro de Sevilla…) también proviene su concepto de ‘Enciclopedia, biblioteca de todas las bibliotecas’.

En 2015 publica ‘Número cero’, una novela que el periodista y novelista (‘Gomorra’), transterrado y amenazado por la Camorra, Roberto Saviano ha dado en considerar, como se destaca en la contraportada, “el manual de comunicación de nuestro tiempo”. En cualquier caso, fuere cierto o no, me apunto a los que, acaso con exceso de entusiasmo y no exentos de hipérbole, aconsejan su lectura a los estudiantes y estudiosos de Periodismo y de su perversión que ha dado pie al epíteto “máquina de fango”.

Del 6 de junio de 1992 a las 8 horas al 11 de junio, transcurre la más breve novela de las siete que ha escrito en las últimas décadas. Sucede en Milán, donde él vive y donde sabemos con certeza que podemos localizar la descrita via Bagnera, la calle más estrecha de la ciudad donde en el siglo XIX Antonio Boggia, el monstruo de Milán, sepultó a sus cuatro víctimas. Su cráneo tras la ejecución fue utilizado para los estudios fisionómicos de Cesare Lombroso. O el restaurante Moriggi del que podemos colegir que conoce a la perfección.

Se comprende perfectamente que el autor haya incluido en su trama la autopsia (de ‘auto’, yo y ‘opsis’, ver) de Benito Mussolini: “Instituto de Medicina Legal y de las Aseguradoras de la Real Universidad de Milán, profesor Mario Cattabeni, acta de la autopsia n.7241 efectuada el 30 de abril de 1945 sobre el cadáver de Benito Mussolini, fallecido el 28 de abril de 1945. El cuerpo está preparado sobre la mesa de disección, desnudo. Pesa 72 kg. La estatura no puede medirse sino por aproximación en 1,66 m, dada la conspicua transformación de la cabeza. El rostro está desfigurado por lesiones complejas de arma de fuego y contusiones que hacen que los rasgos fisonómicos resulten prácticamente irreconocibles. No se efectúan medidas antropomórficas de la cabeza porque está deformada por fractura conminuta del esqueleto cráneo-facial…”. Y así desde la página 138 hasta la 142 ambas inclusive.

Gusta decir a Eco que no hay nada más inédito que lo ya publicado. En su caso, hay un tema, como el de las listas -o elencos o catálogos o enumeraciones-, que fue descubriendo en sus inicios en textos medievales y en James Joyce y que, posteriormente, culminaría en su obra ‘El vértigo de las listas’. La lista se ha convertido en Eco en un rasgo distintivo de su propio estilo. También aquí: de la página 74 a 77, con el pretexto de atender a las denuncias de algunas pseudoórdenes de Malta, enumera 16, “que no deben confundirse con la auténtica Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, que tiene sede en Roma. Todas tienen casi el mismo nombre con variaciones mínimas, todas se reconocen y desconocen mutuamente. En 1908 unos rusos formaron una orden en Estados Unidos, que años más recientes fue dirigida por Su Alteza Real el príncipe Roberto Paternò Ayerbe Aragón, duque de Perpiñán, jefe de la Casa Real de Aragón, pretendiente al trono de Aragón y Baleares, gran maestre de las órdenes del Collar de Santa Ágata de los Paternò y de la Corona Real de las Baleares (…)”.

Si atendemos a la trama nos encontramos con el complot, tema que se halla en tantas de sus obras, por solo citar alguna, por ejemplo, ‘El péndulo de Foucault’ y ‘El cementerio de Praga’.

Complot, conspiración, teoría de la conspiración, se construye en torno a varios conceptos y categorías presentes en toda la obra de Umberto Eco, el secreto, la mentira, lo falso. Sobre los falsos no sólo ha dedicado admirables textos teóricos, sino que han formado parte de sus más intensos intereses, como muestra su propia biblioteca, donde suele decir que tiene obra de Ptolomeo -cuyas teorías eran falsas- y no tiene a Galileo -cuyas teorías son verdaderas-. Asimismo del secreto se ha ocupado a través de toda la historia de la filosofía hasta llegar a WikiLeaks.

Sobre la mentira se puede leer en ‘Número Cero': “los periódicos mienten, los historiadores mienten, la televisión hoy miente. ¿No viste en los telediarios de hace un año, con la Guerra del Golfo, al cormorán cubierto de alquitrán que agonizaba en el Golfo Pérsico? Luego se comprobó que en aquella estación del año era imposible que hubiera cormoranes en el golfo, y esas imágenes se remontaban a ocho años atrás a los tiempos de la guerra entre Irán e Irak. O si no, como dijeron otros, sacaron unos cormoranes del zoo y los embadurnaron con petróleo (…). Vivimos en la mentira y, si sabes que te mienten, debes vivir instalado en la sospecha”.

Estamos aquí ante un caso de exacerbación de incorrectas prácticas periodísticas, que permiten hoy procedimientos de deslegitimación. Para deslegitimar, sostiene, no es necesario decir de alguien que es pedófilo o que ha estrangulado a su abuela. Bastaría con introducir cualquier pequeñez que suscita sospecha. Él mismo, Umberto Eco, descubrió en cierta ocasión como un periodista había intentado crear alarma afirmando que le había descubierto con un desconocido en un restaurante chino comiendo con palillos. Al parecer, los palillos podrían ser un signo del espionaje internacional. La difamación está en el detalle.

Hace 40 años publicó su gran texto ‘Tratado de semiótica general’, donde da la siguiente definición: “La semiótica es la disciplina que estudia todo aquello que puede ser usado para mentir”. Acaso por ello en todas las novelas de Eco la mentira está tan presente. Como en esta novela en la que demuestra un gran conocimiento práctico, es decir, teórico del hacer periodístico. Sirva de ejemplo para los estudiantes y estudiosos de periodismo. Sea.

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