‘Semiotica della cultura: Jurij Lotman’, Università Ca’ Foscari de Venezia

El pasado miércoles 10 abril, la Università Ca´Foscari Venezia acogió el acto organizado por el Centro Studi sulle Arti della Russia (CSAR) intitulado ‘Semiotica della cultura: Jurij Lotman’. Esta mesa redonda fue moderada por Silvia Burini, traductora al italiano de Lotman; y contó con la participación del historiador del arte Giuseppe Barbieri, la semióloga Anna Maria Lorusso y nuestro director Jorge Lozano.

Giuseppe Barbieri comenzó su intervención reivindicando que el método de análisis lotmaniano es un instrumento útil para la historia del arte. Desde su punto de vista, Lotman fue el primero en sistematizar cómo se debe estudiar el contexto de una obra artística; esto es, no como algo separado del texto, sino como algo que forma parte de él. Según muchos historiadores, entre ellos Carlo Ginzburg, hacer historia significa coger un fragmento del pasado y tratar de encontrar su sentido. Lotman, en cambio, propone otra metodología que parte de la premisa de que la obra de arte nace de un momento explosivo, es decir, surge como algo imprevisible y, como tal, no puede ser concebida como el producto de un proceso histórico gradual. El signo artístico, dice, tiene su propio tiempo y su significado no se puede circunscribir al momento de su aparición. Al contrario, es el resultado de un proceso de traducción, cuya validez está constantemente en disputa.

A continuación, Anna Maria Lorusso puso el acento en una cuestión fundamental de la obra de Lotman: el problema de la temporalidad. La cultura suele pensarse como un conjunto de fenómenos que provienen de espacios diversos y cuyos componentes pertenecen a distintos lenguajes. Sin embargo, desde una perspectiva lotmaniana, la cultura no es sólo poliglotismo, sino también policronía. Decir esto significa reconocer que los diferentes estratos de una cultura no sólo dependen de lenguas diversas, sino que cada uno de ellos tiene su propio tiempo. El lenguaje de la moda, por ejemplo, va más rápido que otro tipo de lenguajes. Y como resultado de estas distintas velocidades se produce el dinamismo cultural. Por otro lado, el problema de la temporalidad también está presente en el discurso histórico. En función de cómo se sitúa el sujeto narrador frente al pasado cambia el modo de contar la historia. En ese sentido, la estructura policrónica de la cultura no es ajena al sujeto que la observa, sino que depende de él.

Por último, Jorge Lozano defendió que para la semiótica de la cultura lo importante no es la realidad en sí misma, sino cómo ésta aparece representada en el discurso. Por ejemplo, cuando se estudian textos en los que aparece citado ‘Napoleón’, lo importante no es determinar cuál era su imagen real, sino analizar el uso referencial de ese nombre propio dentro del discurso. Asimismo, desde un punto de vista lotmaniano, un texto no debe estudiarse con el objetivo de determinar la verdad o falsedad de su contenido ni la cronología de los sucesos que en él se presentan. Véase el caso de la Biblia, que durante largo tiempo fue considerada como un texto verdadero, pero que hoy, sin embargo, es equiparable a un texto ficticio. Para los semiólogos, al contrario que para los historiadores, lo relevante de un hecho que aparece recogido en un texto no es determinar si ocurrió realmente ni averiguar su orden cronológico, sino investigar su sentido dentro de la narración y establecer qué lugar ocupa dentro de nuestra memoria cultural, una memoria pluriestratificada y cambiante.

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