Tomás Maldonado “In memoriam”. “Un racionalista en el proyecto moderno”, Jorge Lozano

Texto publicado en el diario El País el 30 de noviembre de 2018

1976, Bolonia, via Guerrazzi, 20, mítico Instituto D.A.M.S (Disciplinas de las artes, la música y el espectáculo). Director y profesor de Semiótica, Umberto Eco, Paolo Fabbri profesor de Semiótica de Comunicación de masas, Omar Calabrese, profesor de Semiótica de la publicidad, Tomás Maldonado profesor de Proggetazione Ambientale. Alto, distante, de gran corrección, siempre atildado, elegante portaba calcetines de colores, preferiblemente colorados. Había sido director en Ulm del “nuevo” Bauhaus y sería inmediatamente después director de la revista de arquitectura Casabella. Tenía gran dificultad para hablar en español; siempre hablaba en italiano con acento argentino. Los estudiantes sabíamos de sus agrias discusiones con su amigo Lucio Fontana, sabíamos que militaba en el Arte Concreto y se comentaba con cautela y admiración que había diseñado quirófanos para Fidel Castro. Había sido diseñador para Olivetti y ahora enseñaba rodeado de semiotistas italianos él que también había enseñado semiótica en Alemania. Apenas dos años antes, en 1974, Tomás Maldonado y Umberto Eco se habían enzarzado en una memorable polémica sobre el proceloso tema del iconismo. Tomás Maldonado acusó a Umberto Eco y en general a los semiolingüistas que se ocupaban de signos icónicos de “obstinado idealismo”, que en aquella época era una grave acusación.

En cuanto hablaba con él podía apostar que en cualquier momento deslizaba y dejaba caer la palabra “territorio” con tal solemnidad que te hacía pensar que era un concepto inventado por él.

Autor de Vanguardia y Racionalidad, fue siempre un inmenso defensor de la Modernidad sin aceptar jamás su fin ni siquiera su crisis, aliándose en todo momento con la “modernidad inconclusa” que proclamaba Habermas y un combatiente sin piedad contra el más mínimo desliz posmoderno sobre todo si venía de París. Fue demoledor con los Deleuze, Baudrillard, Lyotard o Derrida. Y fulminante contra el prêt-à-penser. En El futuro de la Modernidad, arremete contra los medios de comunicación tan indignado que pareciera un fiel adepto a la Escuela de Frankfurt, casi un Adorno.

En Reale e Virtuale, mucho, mucho antes de las actuales gafas 360º, se ocupa de la relación entre la realidad y sus representaciones, algunas de las cuales consienten hablar de realidad aumentada, propugnando hacer más real lo virtual en vez de, como pretende cierta tendencia hacia lo inmaterial, hacer más virtual lo real.

En una conferencia en Columbia University, “¿Es la arquitectura un texto?” (1989) comentando el proverbio italiano que reza “las palabras son piedras”, arguyó que si las palabras son piedras no es cierto que las piedras sean palabras y puede ser que los arquitectos olvidan que se construye con piedras; no con palabras. Bien que semiólogo no amaba las yuxtaposiciones arquitectura-texto, arquitectura-lectura, arquitectura-lenguaje aunque la arquitectura fue entendida como un sistema de signos visuales. Esta vez la emprendía contra Derrida y su desconstrucción (en ruso perestroika).

Tiempo después de la lid entre iconistas e iconoclastas, entre Maldonado y Eco se calmaron los ánimos, ambos fueron extraordinariamente elegantes y recuerdo perfectamente la alegría con la que Tomás recibió los comentarios que Umberto Eco le dedicaba en Kant y el ornitorrinco (1997).

En ese mismo año Tomás Maldonado publica Crítica de la razón informática. Nada menos. Sorprende que, escrito hace tanto tiempo, más de 20 años, fuera capaz de diagnosticar el “populismo informático” al afirmar que en los discursos sobre la democracia en red está siempre presente una apelación explícita a los valores del populismo.

Ha muerto a los 96 años, Tomás Maldonado un par de meses después del fallecimiento de su compañera, la grandísima Inge Feltrinelli. Una pareja bien milanesa. De aquel Milán… Con una inteligencia tan inmensa como su generosidad. O como su amistad. Descansen en paz.

Jorge Lozano

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